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Adolfo Sánchez Vázquez: marxismo y filosofía de la praxis

Tarjeta de filiación de Adolfo Sánchez Vázquez a las juventudes socialistas (1932)

Por Diana Fuentes

Adolfo Sánchez Vázquez (1905-2011) fue el marxista más destacado del exilio español en México. Filósofo, poeta, traductor y militante, acometió la tarea de buscar un camino de lectura de la obra Marx distante del esquematismo incontrovertible del Diamat soviético, gracias a la recuperación e interpretación de los Cuadernos de París, los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 y las Tesis sobre Feuerbach, y a su apuesta por una estética crítica y una ética comprometida. Su obra Filosofía de la praxis (1967) se ha consagrado como una referencia ineludible dentro la oleada de renovación del marxismo de la década de 1960. En ella, a través de la categoría de praxis, el filósofo toma distancia crítica del determinismo económico y coloca en el centro la acción consciente del sujeto político en la perspectiva de un proyecto de emancipación social. Tal como plantea allí, “la filosofía de la praxis considera en unidad indisoluble el proyecto de emancipación, la crítica de lo existente y el conocimiento de la realidad a transformar. El gozne en que se articulan estos tres momentos es la praxis como actividad orientada a un fin” (1997, 130).

La trayectoria intelectual de Sánchez Vázquez está firmemente arraigada en la historia del siglo XX. En junio de 1939 llegó a México con otros mil seiscientos exiliados, a bordo del buque Sinaia tras la derrota de la República en la Guerra Civil Española. Su participación en el conflicto comenzó en 1936 desde la Juventud Socialista Unificada; primero en Málaga y después en Madrid en la 11ª División del Comandante Lister. Durante algunos meses de 1937 editó el periódico Ahora y participó en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Después de las derrotas del Ebro, huyó de Madrid en dirección a Francia, y fue en Roissy-en-Brie donde conoció la noticia de que el presidente mexicano Lázaro Cárdenas refugiaría a los perseguidos republicanos. Aunque había hecho estudios en literatura en la Universidad de Madrid, en México estudió filosofía en la UNAM, institución a la que se integró como profesor de tiempo completo y donde fue galardonado con el máximo reconocimiento de Profesor Emérito.

El marxismo de Sánchez Vázquez resulta de una abierta crítica teórica a la línea oficial del marxismo soviético de la década de 1950, y de concebir el núcleo teórico de la crítica de la economía política de Marx como filosofía de la praxis. La falta de democracia en la toma de decisiones y en el debate de la línea política del comunismo internacional, así como las revelaciones hechas por Jruschov en 1956, serían determinantes para su reorientación teórica. Era la propia realidad la que requería abandonar la búsqueda por ampliar los cauces del marxismo dominante, o, en sus propias palabras, “abandonar la metafísica del Diamat, [para] volver al marxismo originario y tomar el pulso a la realidad” (2003a, 38). En sus primeras obras –el ensayo Ideas estéticas en los Manuscritos económico-filosóficos de Marx (1961) y el libro Las ideas estéticas de Marx (1965)–, Sánchez Vázquez movilizó el concepto de trabajo como actividad transformadora y lo extendió a su concepción del arte como trabajo creativo en oposición al trabajo enajenado. Fuertemente influenciado por el marxismo italiano de Antonio Labriola, recuperó la categoría de praxis como eje rector de su esfuerzo por renovar el marxismo, en tanto que Marxismo y filosofía de Karl Korsch le sirvió como inspiración en la búsqueda por “restablecer la relación interna entre la teoría y la praxis” (1977, 23). Otras dos figuras clave en el marxismo de Sánchez Vázquez fueron György Lukács y Henri Lefrebvre. Del primero, reconoció el impacto que le produjo Historia y conciencia de clase, que se refleja en su abordaje del problema de la enajenación tanto como en la centralidad de la praxis. Lukács también es fundamental en sus consideraciones estéticas y en la atención a la conciencia ordinaria o cotidiana, ámbito en el que también se expresa la presencia de Lefebvre. Es un marxismo crítico leído desde un anclaje filosófico: “El tema de la cotidianidad y de la conciencia del hombre común que vive en ella es objeto de especial atención de la filosofía burguesa contemporánea […] pese a las sugerencias valiosísimas que pueden hallarse en el propio Marx […]. Por esto cobran una importancia especial los estudios de K. Kosik […] [y] la caracterización general del pensamiento cotidiano que hace Lukács en su Estética […]. De la vida y la conciencia cotidianas se han ocupado también Henri Lefebvre […] y Agnes Heller” (2003b, 32).

Bajo este andamiaje, su lectura de las obras tempranas de Marx toma partido en favor de una interpretación que reconoce en ellas el tránsito de la filosofía hacia la economía, y, en consecuencia, la latencia especulativa de algunas categorías como la de esencia humana. No obstante, considera de enorme valor teórico su densidad histórica: “en los Manuscritos [Marx] critica lo que hay de ahistórico y abstracto en el ‘hombre real’ de Feuerbach y […] con esta crítica el joven Marx inicia el paso de una antropología especulativa, del tipo de la feuerbachiana, a una ‘ciencia de los hombres reales y su desarrollo histórico’, como diría Engels” (2003b, 283). Así, Sánchez Vázquez destaca el estudio concreto y situado de las categorías económicas, pues en estos esbozos de juventud se puede observar ya una “ciencia de la sociedad y de la historia” (2003b, 279).

Este argumento es plenamente desarrollado en su obra Filosofía y economía en el joven Marx. Los Manuscritos de 1844 (1982; reed. más tarde bajo un título ligeramente distinto, cf. 2003b), donde afirma que, gracias al análisis económico y a los elementos filosóficos, Marx encalla al ser humano, en tanto sujeto concreto, en las relaciones materiales de la sociedad capitalista. Es decir, contrario a las lecturas que sólo insisten en el carácter especulativo de las obras tempranas, Sánchez Vázquez ve el acercamiento del joven Marx a la economía como eminentemente crítico, pues se apropia de algunas de las categorías centrales de la economía política para profundizarlas y hallar en ellas las contradicciones que impiden a la economía burguesa ver las verdaderas relaciones del sistema de producción capitalista. Este argumento lo aleja también de las versiones antropologizantes de Marx, que exaltan el humanismo en sus obras de juventud, en detrimento de los aspectos sociohistóricos del ser social:  “No se trata de pedir que los Manuscritos sean vistos con los ojos del Marx de la madurez; ni se trata tampoco de negar el lado humano que una visión cientificista y positivista del marxismo olvida. Pero sí se trata de reclamar que se vea en los Manuscritos, junto a sus lados antropológicos, el intento de fundar objetivamente, como crítica de la economía política, la transformación revolucionaria de la sociedad” (2003b, 275).

Desde estos ejes de lectura, la filosofía de la praxis de Sánchez Vázquez se caracteriza por el esfuerzo por precisar la concepción marxiana de la actividad social en general y la actividad práctica consciente emancipatoria, en particular. Se trata de una apuesta teórica por destacar la actividad libre, racional y colectiva como eje articulador de cualquier proyecto de emancipación social, en oposición al determinismo económico, el esquematismo histórico y el formalismo político. En la lectura  sanchezvazquiana, el ser humano transforma su entorno gracias a su actividad consciente y en esa medida lo humaniza. Por ello, el concepto de praxis designa la actividad consciente, es decir, subjetiva, que transforma la realidad o el mundo objetivo. Este marco apunta a la dialéctica que permite reconocer la enajenación propiamente capitalista como una mediación que merma la humana capacidad de reconocerse a sí misma en su actividad ontocreadora, en pos de la lógica de acumulación de valor. Por esto, la filosofía de la praxis de Sánchez Vázquez se juega en el ámbito de la relación entre teoría y práctica, es decir, entre la codeterminación de la dimensión subjetiva y objetiva. La primera, creadora de fines y objetivos, espacio de la imaginación y de la producción conceptual; la segunda, en tanto, ámbito de la facticidad o la realidad material, que es dinámica y que es punto de llegada de la acción humana.

La filosofía de la praxis conduce a Sánchez Vázquez a pensar en los posibles grados de reciprocidad o interdependencia entre teoría y práctica, así como en sus disonancias,  tensiones o correspondencias, que construyen condiciones de posibilidad para que la praxis se resuelva de forma creativa o se convierta en una acción imitativa o reiterada. De entre estas modalidades, la praxis creativa permite al filósofo localizar el lugar de la práctica política que tiene como horizonte de su acción un proyecto de emancipación social. Por su naturaleza, la praxis creativa fractura la lógica de la subordinación de la actividad a la dinámica general y objetiva de la vida social, que en el capitalismo se concreta como enajenación, es decir, como actividad reiterativa y homologante.

Este es el anclaje político de la filosofía de la praxis, que se expresa también en sus derivas estética y ética. Y es lo que lo enfrenta con Louis Althusser, cuyo proyecto teórico no “deja de recordar sospechosamente al viejo y nuevo positivismo” (1983, 27). Esta crítica es la base de su libro Ciencia y Revolución. El marxismo de Althusser ([1978] 1983), donde argumenta por qué considera que la apuesta científica althusseriana, alejándose de sus orígenes políticos, “se convierte sustancialmente en un proyecto teórico, más exactamente epistemológico” (ibíd.). Posicionamiento que apuntala la distancia entre la tarea “meteórica” planteada por el filósofo francés y el cometido político, que para el español exilado en México funda y da sentido a la crítica de la economía política: la praxis concreta. En esta empresa, Sánchez Vázquez es un claro ejemplo de la confianza en un sujeto racional, facultado para dirigir su propio proceso de emancipación, en los planos individual y colectivo. En ello se funda la convicción del proyecto de la filosofía de la praxis como una nueva práctica de la filosofía, tanto como el convencimiento de que ni en las peores condiciones de enajenación social se extinguen la urgencia y la posibilidad histórica de una estrategia política capaz de construir el camino de realización del socialismo.

 

Diana Fuentes es actualmente candidata a Doctora en Filosofía Política, por la UNAM. Profesor – Investigador de la UAM – Xochimilco. Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Ha realizado dos estancias de investigación en Francia, bajo la co-tutoría de Michael Löwy. Desde 2009 es parte del Seminario Universitario de la Modernidad: versiones y dimensiones de la UNAM, fundado por Bolívar Echeverría, de quien fue asistente de investigación y profesora adjunta. Es miembro fundador de la Asociación Gramsci México (2018). Recientemente ha coordinado con Massimo Modonesi el libro Gramsci en México, y es autora del prólogo a la edición inglesa del libro Modernity and “Whiteness” de Bolívar Echeverría, entre otros artículos especializados en marxismo y teoría crítica.

 

Nuestro agradecimiento a la familia de A. Sánchez Vázquez por permitirnos usar la foto hasta ahora inédita que acompaña este texto. 

 

Bibliografía

A. Sánchez Vázquez, “Prólogo. El marxismo de Korsch”, en: –, Marxismo y filosofía, México 1977, pp. 9-18.

–, Ciencia y revolución. El marxismo de Althusser [1978], México 1983.

–, Filosofía de la praxis, México 1997

–, “Vida y filosofía”, en: –, A tiempo y destiempo, México 2003 [2003a], 19-42.

–, El joven Marx: Los Manuscritos de 1844, México 2003 [2003b].